Reporte Católico Laico

La Virgen de la Corteza

La Virgen de la Corteza

RCL les invita a leer a Julieta (Juli) Salas de Carbonell.—

La Virgen de la Corteza. Recuerdos de mi infancia.

En nuestro viaje anual a Mérida, terruño familiar, Acarigua era parada obligada para acercarnos a la pequeña iglesia de San Miguel y rezar un Padre Nuestro frente al relicario de plata labrada que contenía una, muy borrosa, imagen de la Virgen María; imagen que aparecía como pintada sobre una  arrugada corteza de tacamajaca, un arbolito que crece en las tierras áridas de nuestros llanos y de cuya resina nuestros indígenas sacaban una especie de mirra que usaban en sus ceremonias.

Las primeras noticias del milagro de la aparición de la Virgen María en una corteza de tacamajaca la podemos leer por la pluma de Monseñor Mariano Martí, el “Obispo Viajero”. Este ilustre prelado a partir de 1769, al ser nombrado Obispo de Caracas, se dedicó a recorrer por más de doce años (1771-1784) los más recónditos parajes de su diócesis, plasmando su impresiones en varios libros, que según el Diccionario de Historia de Venezuela, Fundación Empresas Polar, “recogen la tradición histórica escrita y oral de todas las ciudades, villas, pueblos, lugares, doctrinas, misiones, capillas y haciendas visitadas”.

Según el historiador Alfredo Armas Alfonso, es leyenda que en 1702 la mulata Margarita, también conocida como La Perla, había ido acompañada por su hijo,  desde San Carlos de Austria, en lo que hoy es el estado Cojedes, a visitar  a Nuestra Señora del Real, en Barinas, pero al no  lograr ver a la imagen, se volvió a su tierra. En el camino se detuvieron a la orilla de una quebrada donde crecían varios arbustos de tacamajaca. La mujer ató su montura, un dulce burrito, de las ramas de uno de estos arbustos, después colgó una hamaca entre dos palos y madre e hijo se dispusieron a descansar. Al rato el muchacho advirtió que el burro se espantaba y al buscar el origen de la novedad, dio con una luz vivísima que parecía brotar del tronco del tacamajaco. Admirados, los viajeros se acercaron y vieron que sobre la corteza del tronco aparecía muy nítida entre los resplandores, una imagen de la Virgen con el Santo Niño en sus brazos. Margarita La Perla sacó el pedacito de corteza con un cuchillo y la guardó bien envuelta en una tela.

Iban a seguir su camino cuando el burrito se les escapó y tuvieron que continuar a pie la larga distancia hasta el pueblo de indios de San Miguel de Acarigua. Al escaparse la bestia llegó hasta la puerta misma de la iglesia de dicho pueblo y el misionero, el padre capuchino Miguel de Plasencia, muy extrañado, mandó a averiguar a quién pertenecía el animal. La mulata Margarita La Perla alegó su propiedad y fue en busca del asno que “entretanto se había echado a la puerta de la iglesia y Margarita no consiguió levantarlo por más varazos que le propinó. Fray Miguel tuvo curiosidad de saber qué contenía la pesada petaca que se suponía había derribado al animal. Margarita La Perla explicó que sólo cargaba su ropa y algunas cosas de viaje, además de una concha de tacamajaco muy extraña, y le contó al religioso cómo la había hallado en la quebrada. Fray Miguel advirtió la figura de la Virgen y devolvió el pedazo de corteza a Margarita La Perla que la guardó de nuevo entre la ropa. El macho, que se había levantado, volvió a echarse apenas se le cargó la petaca, y de nada valieron nuevos golpes. Fray Miguel intuyó de aquello que la santa aparecida expresaba su voluntad de quedarse en la iglesia, pero Margarita La Perla no consintió desprenderse del pedazo de corteza. El capuchino entonces se la cambió por un rosario”. Era el 11 de febrero de 1702. El capuchino colocó la imagen en el altar y empezó a propagarse el culto de Nuestra Señora de la Corteza, que tuvo la aprobación eclesiástica en 1757. El rústico pedazo de madera medía cincuenta y dos milímetros de alto y cuarenta y tres de ancho; la figura de la Virgen dieciocho milímetros”. El relicario era a manera de una custodia pequeña y “dentro del sol está pintado como una corteza de árbol y en medio la pequeña imagen, que sobre queda referida”. 

Por más de 200 años se veneró la imagen de la Virgen de la Corteza celosamente guardada en su relicario, hasta que hace más o menos 40 años el relicario despareció. Varias veces regresamos a Acarigua en pos del relicario para rezar a la Virgen pero nadie sabía darnos noticias al respecto.  Buscando información para escribir esta crónica encontré el blog “Lecturas, Yantares y Otros Placeres” del historiador Abraham Quintero, donde leí que su tía, piadosa dama de más de 87 años de edad para esa fecha, también había visitado en ocasiones a la Virgen de la Corteza  antes de su desaparición, que la había visto muy de cerca “estaba expuesta como a un metro de distancia; el relicario estaba puesto sobre la baranda del comulgatorio (…) era una invitación a robársela…”  Tal vez fue un descuido lo que permitió a los ladrones hacerse con el relicario de plata sobredorada que guardaba la bendita y milagrosa astilla de tacamajaca. Al poco tiempo, la Policía Técnica Judicial logró recuperar el relicario que encontraron vacío en un basurero. El Sr. Quintero nos informa que desconoce si se logró atrapar al sacrílego y se pregunta cuál sería el destino final de la reliquia.

Pasaron muchos años y en nuestro último viaje a Acarigua me propuse a buscar el lugar del culto de la Virgen de la Corteza. Fuimos a la antigua iglesia de San Miguel y encontramos que en la placita frente al templo había un bello conjunto escultórico que representa a Margarita y su borriquito, pero nadie daba noticias del relicario. Tras mucho preguntar dimos con una moderna iglesia que lleva el nombre de Nuestra Señora de la Corteza. A pesar de que era hora tempranera, hora de misa, la iglesia estaba cerrada y no pudimos visitarla.

 Iglesia de Nuestra Señora de la Corteza, Acarigua

Todavía recuerdo una pintura  que con trazos ingenuos sobre la pared de la vieja iglesia de San Miguel mostraba a mis asombrados ojos de niña la historia de la aparición de la Santísima Virgen María. Hoy, ni una estampita se consigue que nos evoque este milagroso hecho.

 

 

Juli Salas de Carbonell

Imagen destacada: Iglesia de San Miguel de Acarigua / Bitacora y Memorias, Blogspot



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