Reporte Católico Laico

El Santo Niño de La Cuchilla. Su origen envuelto en el misterio

El Santo Niño de La Cuchilla. Su origen envuelto en el misterio

En la cima de una montaña tan afilada que los lugareños llaman la fila de La Cuchilla, hay una bella  iglesita que cobija una talla del niño Jesús, el Santo Niño de la Cuchilla. Esta talla representa al divino recién nacido, recostado en la losa de un sepulcro con el globo del mundo en la mano y con su cabeza reclinada sobre el brazo derecho, como adormecido sobre un cráneo humano que le sirve de almohada. Preciosa talla en alabastro que mide menos de diez centímetros de altura, venerada por muchos, es objeto de un culto muy especial por los miles de peregrinos que vienen cada año el seis de enero, hasta la población de Zea, en el estado Mérida y se trasladan a pie, cerro arriba, a pagar promesas y dar fe de los muchos milagros que se le atribuyen.

Según me informó en mi reciente viaje a Zea y Tovar, el Licenciado Néstor Abad Sánchez, del Instituto Municipal de Cultura de Bailadores, estudioso de los orígenes de la imagen, ya para principios del siglo XIX esa fila del cerro era conocida, como consta en documentos que reposan en el Archivo General del estado Mérida, como “La Cuchilla del Niño”, lo que indicaría un origen muy antiguo, pero la tradición oral más conocida nos informa que en el año de 1874, al ser clausurados por Antonio Guzmán Blanco, entonces presidente de Venezuela, los conventos de monjas en el territorio nacional y decretada la exclaustración de las religiosas, algunas de las monjas del convento de San Juan Bautista de Santa Clara de Mérida,  optaron por trasladarse al convento que su orden tenía en Pamplona, en Colombia.

En 1874 era largo y tortuoso el camino de Mérida a Pamplona, había que vadear ríos y escalar montañas por peligrosas trochas. Las Clarisas salieron de Mérida cabalgando en mulas de paso seguro guiadas por expertos baqueanos y acompañadas por las oraciones de los merideños que horrorizados habían presenciado el expolio del convento. Siguiendo el curso del río Chama, las monjas, algunas de ellas ancianas, pasaron por Ejido y dejando el frescor de Mérida llegaron a la calurosa Lagunillas, donde, sofocadas bajo sus pesados hábitos, se refugiaron en casa de una piadosa familia. Después de descansar varios días, continuaron viaje por las peligrosas laderas de San Pablo hasta Estanques, donde dejaron la vera del Chama para seguir el cauce del río Mocotíes. Estanques, Santa Cruz de Mora y Tovar las vieron pasar apremiadas como estaban en cruzar el páramo del Zumbador y llegar a La Grita, escala obligada en el largo periplo, pero al llegar a Las Tapias de Bailadores tuvieron que cobijarse en la casa de la familia Hernández, las mulas agotadas ya no daban más. Una o dos semanas pasaron las Clarisas en Bailadores y repuestas del cansancio y con mulas frescas se dispusieron a continuar su viaje. Según el Lic. Alfonso Castro Escalante, cronista del Municipio Zea: “Cuando se fueron a despedir, una de las Clarisas tomó la talla del Santo Niño y se la entrego a la familia Hernández, en agradecimiento por el bien con que las habían acogido”.

 

El Santo Niño de La Cuchilla.

Foto: Miguel Ángel Salamanca

 

Al pasar los años la familia Hernández salió de Bailadores y remontando el camino del páramo de Mariño llegaron al sitio conocido como La Cuchilla, donde se instalaron, siempre llevando consigo al Santo Niño. Por mucho tiempo no se supo el paradero de esta talla que paso de mano en mano hasta que en 1913 llegó al rancho donde vivían los Vera, humildes campesinos; en palabras del cronista de Zea, “quienes colocaron al Santo Niño en una tablita, que prendía del techo amarrada por dos cabuyas; se dice que era una familia sumamente pobre y no poseían ningún altarcito para colocar la imagen; pero el Niño comenzó a hacer milagros y la gente le llamo mucho la atención, el Niño tan lindo”. En 1935 el párroco de Zea dispuso que el Santo Niño fuese pasado a un galponcito que mandó a construir al lado del rancho de los Vera, más tarde se construyó una pequeña capilla donde fue venerado por muchos años hasta que recientemente fue colocado en un altar en la nueva iglesia que de mayor capacidad fue construida para recibir los miles de fieles que cada año van en peregrinación, especialmente a las familias que acompañadas de sus menores hijos van a dar testimonio de los numerosos milagros concedidos por su intercesión.

 

La Iglesia de La Cuchilla. Zea, Mérida

 

 

 

Hoy en día la talla del Santo Niño es motivo de litigio entre las diferentes familias que se atribuyen su posesión y a pesar de todos los documentos que de parte y parte se exhiben, lo cierto es que el origen de esta talla sigue envuelto en el misterio.

 

FUENTES

Néstor Abad Sánchez. Instituto Municipal de Cultura de Bailadores. Comunicación personal.

Alfonso Castro Escalante. El Santo Niño de La Cuchilla

http://www.postalven.net/Zea-Merida/santo_nino.htm

 

 

Escrito por Julieta Salas de Carbonell

 



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