Reporte Católico Laico



La Iglesia y el capitalismo liberal

La Iglesia y el capitalismo liberal

            La Rerum Novarum y la Quadragéssimo  Anno inician la reacción oficial de la Iglesia contra los abusos del sistema.

León XIII, ya en 1891, se expresaba así: “Júntase a esto que los contratos de las obras  y el comercio de todas las cosas está casi todo en manos de unos pocos, de tal suerte que unos cuantos hombres opulentos y riquísimos han puestos sobre los hombros de la multitud innumerable de proletarios un yugo que difiere poco del de los esclavos”.

Diez años después, Pío XI continuaba la crítica del sistema por sus consecuencias negativas:

“En efecto, cuando el siglo XIX llegaba a su término, el nuevo sistema económico y los nuevos incrementos de la industria en la mayor parte de las naciones hicieron que la sociedad humana apareciera cada vez mas claramente dividida en dos clases: la una, con ser la menos numerosa, gozando de casi todas las ventajas que los inventos modernos proporcionan tan abundantemente; la otra, en cambio, compuesta de ingente muchedumbre de obreros, reducida a angustiosa miseria, luchando en vano por salir de las estrecheces en que vivía”.

En una referencia directa al sistema capitalista, Pío XII, considerado por muchos cmo un Pontífice moderado, decía:

“Allí donde  el capitalismo se basa en tales erróneas concepciones  y se arroga sobre la propiedad un derecho ilimitado, sin subordinación alguna al bien común, la Iglesia lo ha reprobado como contrario al derecho de naturaleza…”

“Vemos, efectivamente, núcleos cada vez más numerosos de trabajadores que se encuentran muchas veces frente a concentraciones excesivas de bienes económicos, las cuales, ocultas  frecuentemente bajo formas anónimas, logran sustraerse a sus deberes sociales y ponen al obrero en la imposibilidad de formarse para sí una propiedad efectiva. Vemos la propiedad  pequeña y mediana disminuir  y debilitarse en la vida social, arrinconada y obligada como está, a una lucha defensiva cada vez más dura y sin esperanza de feliz éxito”.

Después de Pío XII, Juan XXIII, en su Mater et Magistra, nos repite que “frente a la extrema pobreza de la mayoría, la abundancia y el lujo desenfrenado de unos pocos contrasta de manera abierta e insolente con la situación de los necesitados”.

Y en un texto sobre  el análisis del capitalismo, expresa: “…de donde se sigue que, si el funcionamiento de las estructuras económicas de un sistema productivo pone en peligro  la dignidad humana del trabajador o debilita su sentido de responsabilidad, o le impide la libre expresión de su iniciativa propia, hay que afirmar  que este  orden económico es injusto, aun en el caso que, por hipótesis, la riqueza producida en él alcance un alto nivel  y se distribuya según criterio de justicia y equidad” .

Y finalmente, Pablo VI se expresa así en su Encíclica Populorum Progressio: “Pero por desgracia, sobre estas nuevas condiciones de la sociedad se ha sido construido un sistema que considera el provecho como motor esencial del progreso económico, la concurrencia como ley suprema de la economía, la propiedad  privada de los medios de producción como un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones sociales correspondientes. Este liberalismo sin freno, que  conduce  a la dictadura, justamente fue denunciado por  Pío XI como  generador de “el imperialismo internacional del dinero”. No hay  mejor manera de reprobar  un tal abuso que recordando solemnemente una vez más que la economía está al servicio del hombre. Pero si es verdadero  que un cierto capitalismo ha sido la causa de muchos sufrimientos, de injusticias y luchas fratricidas, cuyos efectos duran todavía, sería injusto que se atribuyeran a la industrialización misma los males que son debidos  al nefasto sistema que la acompaña. Por el contrario, es justo reconocer la aportación irremplazable de la organización del trabajo y del progreso industrial a la obra del desarrollo”.

La conclusión  es obvia: La Venezuela del futuro, o sea, la de los jóvenes, no  puede copiar  ni el  modelo capitalista ni el comunista. El Social Cristianismo sí es un modelo nuevo, fundamentado en valores que respetan la dignidad humana.

 

Dr. Valentín Arenas Amigó

Profesor de Instituciones Políticas de la U.C.A.B.

Correo: [email protected]

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