Reporte Católico Laico



El Convento de San Juan Bautista de Santa Clara en Mérida, Venezuela

El Convento de San Juan Bautista de Santa Clara en Mérida, Venezuela

 

Julieta Salas de Carbonell escribió para RCL esta deliciosa cronica

——-

“A principios del siglo XVI la ciudad de Mérida representó al Rey, pidiendo licencia para fundar un convento de Monjas de una de las Órdenes Mendicantes en donde se pudieran recoger doncellas  pobres principales y virtuosas, hijas y nietas de los conquistadores y pobladores  y las demás que se inclinasen a lo mismo por no haber ninguno en dicha ciudad ni en ninguna de las vecinas.”  Extracto del Libro de Fundación.

Le tocaba a los reyes de España autorizar la fundación de nuevos conventos en América  por las  llamadas Bulas Alejandrinas emitidas en 1493 inmediatamente después del Descubrimiento, a petición de los Reyes Católicos. El patronato regio o indiano para la Corona Española fue confirmado por el Papa Julio II en 1508 a cambio de que los reyes apoyaran la evangelización y el establecimiento de la Iglesia Católica en América.

En el Tomo Tercero de la recopilación  Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida,   hecha por el Ilmo. Señor Doctor Antonio Ramón Silva y publicados en Mérida,  Venezuela, en 1910, podemos leer que después de muchas diligencias el veintiocho de enero de 1650 Felipe IV, rey de España concede por Real Cédula licencia para la fundación del convento y  ordena que  tres monjas del Real Convento de las Clarisas de Tunja se trasladen a Mérida, entre ellas  las monjas de velo negro: “la dha. Madre  Fundadora Juana del Espíritu Santo a quien encarga de parte de Nuestro Señor, y la suya, la custodia y guarda de dicho convento (…) y que vaya así mismo la Rvda. Madre Isabel de la Trinidad y la monja de velo blanco Juana de Santa Clara.” Dispuso igualmente el Arzobispo de Santa Fe que fuesen para el convento de Mérida las profesas de velo negro Úrsula de la Concepción y Jacinta de la Encarnación “para cuya dote entregaría el Capitán Pedro de Gaviria Navarro cuatro mil patacones, quedando en el convento de Tunja las dotes que estas habían aportado.”

Las monjas de velo negro eran aquellas que al profesar habían entregado su dote integra al convento, lo que les permitía gozar de ciertos privilegios; desempeñaban tareas no excesivamente laboriosas -para eso empleaban a sus propios sirvientes- y, lo más importante, podían optar a puestos claves en el gobierno y administración del propio convento.

wp plugin and themes